Aquí es donde yo te voy a ayudar.
Ya sabes por qué quieres entrenar. Y tienes claro cuál es tu objetivo. Perfecto.
Ahora viene la pregunta importante: ¿Qué necesitas realmente para conseguirlo?
Porque esto no va de hacer ejercicio por hacer ejercicio. Ni de entrenar hasta no poder más. Ni de terminar cada sesión completamente destrozado pensando que, cuanto peor hayas acabado, mejor ha sido el entrenamiento.
No.
Acabar tumbado en el suelo mirando al techo mientras intentas recordar tu nombre no significa necesariamente que hayas entrenado bien. Significa que estás cansado. Y estar cansado es muy fácil. Te puedo cansar en diez minutos: subes y bajas escaleras con una mochila llena de sandías, y te aseguro que acabas reventado. Pero eso no significa que estés más cerca de tu objetivo.
Cansarte es fácil. Entrenar bien requiere pensar.
Y aquí es donde empieza el verdadero entrenamiento. Necesitas un objetivo claro, una planificación, una progresión, una dosis adecuada de entrenamiento y, sobre todo, que todo eso se adapte a ti: a tu nivel, a tu tiempo, a tus capacidades, a tu experiencia y al resultado que realmente quieres conseguir.
Porque no necesita el mismo entrenamiento alguien que empieza desde cero que alguien que lleva diez años entrenando. Ni necesita lo mismo alguien que quiere preparar una carrera que alguien que quiere ganar masa muscular.
Parece bastante lógico. Pero todavía hay mucha gente que entrena como si el único objetivo fuera sobrevivir a la sesión.
Y no. El objetivo no es sobrevivir al entrenamiento. El objetivo es mejorar gracias a él.
La historia de Jordi
Hace un tiempo llegó al gimnasio Jordi.
Jordi quería perder unos kilos y ganar fuerza. Un clásico. Hasta aquí, todo normal. El problema era que Jordi tenía una teoría. Una teoría sencilla. Y peligrosamente popular:
- —Si quiero conseguir resultados, tengo que entrenar todos los días.
Jordi había decidido que descansar era prácticamente una pérdida de tiempo. Algo que hacían los débiles. O la gente que no tenía ganas.
Así que empezó entrenando seis días por semana. Después siete. Porque claro… si seis días eran buenos, siete tenían que ser mejores. Matemáticas de gimnasio.
Durante los primeros días estaba encantado. Sudaba, terminaba agotado, tenía agujetas y salía de cada entrenamiento con esa maravillosa sensación de «hoy sí que he hecho algo».
Hasta que aparecieron sus nuevos amigos. El primero se llamaba Cansancio. Después llegó Molestias Musculares. Un poco más tarde apareció No Tengo Ganas De Venir. Y finalmente llegó el primo pesado de todos: Señor Sobreentrenamiento.
Jordi empezó a dormir peor. Le costaba recuperarse. Entrenaba cansado. Cada vez levantaba menos peso. Y, curiosamente, cuanto más entrenaba… peor rendía.
Ahí fue cuando tuvimos que explicarle algo: Jordi no necesitaba entrenar más. Necesitaba entrenar mejor.
Así que hicimos algo revolucionario. Bueno… en realidad no. Simplemente organizamos su entrenamiento. Ajustamos las cargas. Le dimos días de recuperación. Planificamos qué tenía que hacer cada día. Y empezamos a trabajar con un objetivo claro.
Una cosa bastante sencilla, pero que Jordi había pasado por alto: no todo lo que puedes hacer significa que tengas que hacerlo.
Unos meses después, Jordi estaba más fuerte, había perdido peso, se encontraba mejor y, lo más importante, seguía entrenando. Estaba más feliz que una perdiz (aunque probablemente la perdiz no haga sentadillas, pero se entiende).
Y aquí está lo interesante: Jordi consiguió mejores resultados cuando dejó de intentar hacerlo todo.
Entrenar es estímulo. Pero también recuperación.
Y esto es importante. Entrenar es darle al cuerpo un estímulo. Pero mejorar no ocurre solamente mientras entrenas. Tu cuerpo necesita recuperarse para poder adaptarse.
Por eso, meter más entrenamiento no siempre significa obtener más resultados. A veces significa simplemente acumular más fatiga. Y esa diferencia es fundamental: no queremos acumular entrenamientos. Queremos acumular mejoras.
Por eso una buena planificación no consiste únicamente en decidir qué ejercicios vas a hacer. También consiste en decidir cuánto, cuándo, con qué intensidad, con qué frecuencia y cuándo toca bajar el ritmo. Eso es entrenar con cabeza.
Y esto es algo que he aprendido después de muchos años entrenando y trabajando con personas: el mejor entrenamiento no es el que más te cansa, es el que puedes hacer, recuperar y mantener mientras te acerca a tu objetivo.
Porque de poco sirve entrenar muchísimo durante uno o dos meses si después abandonas. No buscamos hacerte sufrir por sufrir, ni conseguir que salgas del gimnasio caminando como si hubieras sobrevivido a una batalla.
Buscamos algo mucho más inteligente: entrenar bien, progresar, recuperar y poder mantenerlo.
Porque los grandes resultados no suelen venir de hacer una semana perfecta. Vienen de hacer muchas semanas suficientemente buenas. Y eso cambia completamente la forma de entender el entrenamiento.
No necesitas demostrar lo fuerte que eres hoy. Necesitas entrenar de una forma que te permita ser más fuerte mañana.
Por eso, recuerda: entrenar más no es entrenar mejor. Entrenar mejor es entrenar con sentido.
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👉Siguiente episodio ¿Cómo entrenamos en BE LEGEND? La historia de Raúl y el restaurante de las 247 opciones (Próximamente)
💡 ¿Tienes claro qué dirección quieres seguir?
Si quieres repasar cómo definir tus metas antes de estructurar las cargas, visita nuestro episodio anterior:
👉 Mentalidad: ¿Por qué dar vueltas sin rumbo? La importancia de saber qué quieres conseguir
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Nota de transparencia: La imagen destacada de este artículo ha sido creada mediante inteligencia artificial.
Blog creado por Mario Melero
